
Durante muchos años, los decoradores no se han preocupado de las flores silvestres o, lo que es peor, las arrancaban cuando crecían.
A la hora de encargar un jardín, la gente se preocupaba sólo de las flores cultivadas, de los setos o del césped.
La razón de esos esfuerzos es que, aparte de su atractivo, las flores tienen un papel vital en la biodiversidad, porque donde hay flores hay mariposas, abejas y otros muchos insectos.
El National Wildflower Centre, situado en el histórico parque de Court Hey en Knowsley, cerca de Liverpool, ayuda a los jardineros, arquitectos y paisajistas a desempeñar su nuevo papel de "guardianes de la biodiversidad".

El centro, inaugurado a finales de 2000, es hoy una popular atracción turístico-ecológica que además organiza conferencias y cursillos para niños.

En un espectacular edificio que ha merecido premios del Royal Institute of British Architects hay una pasarela de 160 metros de largo, una tienda, un mercadillo de plantas, un café y otro pequeño vivero.

Un portavoz del National Wildflower Centre ha dicho: "Este centro va a promover la creación de nuevos paisajes de flores silvestres para disfrute del público y para que vuelvan otra vez las flores.
Educando al público para una 'conservación creativa', las gentes del campo y de la ciudad podrán volver a disfrutar de la vida natural".